¿Escribes?

Durante varios años trabajé en una empresa de consultoría, previamente lo había hecho en el ámbito académico, y no hay nada que dé peor imagen que un texto —desde un informe impreso hasta el contenido de una web— descuidado. Tus palabras son tu carta de presentación: reflejan cómo eres y, por ende, la seriedad de tu trabajo.

Como editora de varias antologías me he enfrentado a relatos llenos de faltas de ortografía y siempre cuesta valorar en su justa medida la calidad literaria de un escrito que carece de rigor ortotipográfico y gramatical. ¿Qué opinarías de un restaurante en el que te sirvieran un pastel que tiene la apariencia de haberse caído al suelo y haber sido vuelto a poner sobre el plato? Pues eso es un texto sin pulir.

Y es que no es suficiente con pasar el corrector. Aunque para muchas personas corregir es tedioso, consideran que supone demasiado esfuerzo y que quita mucho tiempo al trabajo creativo, es una labor que merece la pena. Estoy segura de que has leído tu escrito varias docenas de veces y no ves nada raro, lo que no significa que no tenga erratas. Cuando escribimos conocemos el texto de memoria y sobre todo sabemos lo que queremos decir. Pero ni lo leemos tan atentamente como lo hace un profesional de la corrección ni tan objetivamente como una persona que se enfrenta a él por primera vez. Y aunque suene a tópico: cuatro ojos ven mejor que dos.

¿Estás preparando un manuscrito para enviar a una editorial y quieres causar una buena primera impresión?

¿O acaso lo tienes listo para autopublicar y lo que buscas es una lectura a fondo para eliminar fallos ortotipográficos y una revisión de estilo?

También puedo ayudarte si lo que tienes entre manos es una tesis doctoral, o un artículo académico que quieres publicar, y necesitas que alguien revise y corrija los posibles errores ortográficos o gramaticales.

¿Hablamos?

 

 

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