¿Y ahora qué?

Cuando en 2015 decidí dar un giro a mi vida y reencontrarme con mi pasión de infancia, los libros, nunca me hubiera imaginado que el sueño de trabajar entre libros se fuese a materializar en medio de una pandemia mundial y a casi 500 kilómetros de la ciudad que hasta entonces había sido mi hogar.

No negaré que dejar atrás Madrid me dolió en el alma y aún hay días que me despierto pensando que sigo allí. Cada vez son  menos y no estoy segura de querer que esa sensación de volver atrás en el tiempo desaparezca.

«Lleida es una ciudad muy dura. Ten paciencia», me advirtieron al poco de llegar. Y ahí estamos, con paciencia y —espero—, buena letras.